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EDITORIAL APTA.com No 4

Mentiras verdaderas de una década robada

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El escritor británico Eric Arthur Blair, popularmente conocido por su seudónimo George Orwell, y por haber escrito la novela sobre autoritarismo de Estado titulada 1984, pensaba que: “El lenguaje político está diseñado para hacer que las mentiras suenen verdaderas, el asesinato respetable, y para dar una apariencia de consistencia al puro viento”. En la novela, un dictador omnipresente llamado Gran Hermano, condice un Estado totalitario y represor, que vigila todos los actos de sus ciudadanos con su Policía del Pensamiento. Todo lo ve y todo lo escucha, con el único fin de mantener su poderío y eternizar en el poder al partido gobernante, acallando toda crítica y disenso.
Su principal instrumento para construir poder político es la manipulación del lenguaje, eliminando palabras o falseándolas en sus significados. Cree que al controlar la lengua puede construir una realidad ficticia, la cual le permitirá configurar los pensamientos y, por ende, las acciones o comportamientos de las personas. Incluso reescribiendo la historia para cambiar el pasado – a lo cual se dedica el protagonista que trabaja en el Ministerio de la Verdad-, con el fin de instalar y hacer creíbles las mentiras del presente.
Todo dispuesto para acrecentar y mantener en su poder al Gran Hermano.
Es así que desde las palabras se exalta la última década como ganada, cuando en la verdad de los hechos fue desperdiciada y robada. Tanto en ilusiones como en logros jamás alcanzados, sociales, educativos, institucionales y económicos. Otra década democrática de retroceso y caída, que se perdió.
Se comenzó por falsificar la realidad desde las estadísticas públicas, fraguando la inflación nacional y, con ella, la verdadera tasa de desocupación, pobreza, indigencia y crecimiento económico. Incluso, como burla cruel hacia los necesitados, se sigue afirmando que se puede comer con $ 6 por día. En el 2001 pagaban el impuesto a las ganancias el 9,7% de los asalariados; en el 2010 el 17%; en el 2011 el 20%; en el 2012 el 20%; y en el 2013 lo pagarían el 30% de los trabajadores. La carga impositiva de la década, que incluye el 21% de IVA, es regresiva y de exacción contra los trabajadores y la producción, típica de una política económica ultraliberal. Se destaca públicamente que el “modelo” invirtió más que nunca en educación, pero hoy Argentina ocupa el sexto lugar en América latina, en lo que a educación se refiere. Se pasó de anunciar ostentosamente el proyecto de Tren Bala, a las tragedias de Once y Castelar con decenas de muertos y heridos; además de viajar vergonzosamente en todo el sistema ferroviario, pese a los multimillonarios subsidios públicos que han recibido sus concesionarios. Se advirtió que iba a haber “traje a rayas para los evasores”, pero se han promovido y promueven normas de blanqueo impositivo que los privilegia respecto a quienes cumplen con sus obligaciones fiscales; además de facilitar el lavado de dinero ilícito. Se impulsó obsesivamente la llamada democratización de la Justicia y de los medios; pero los proyectos desde el partido oficialista para alcanzar lo primero solo apuntan a concentrar más poder en el Ejecutivo; y, respecto de lo segundo, la ley sancionada solo produjo la colonización mediática (directa o indirecta) por parte del gobierno, del 80% de los medios. Se aumentó exponencialmente la inversión en inteligencia militar y del personal dedicado a esas tareas (¿para espiar a quién sino hay hipótesis de conflicto?) muchísimo más que en reequipamiento, cuando nuestras Fuerzas Armadas se hallan carentes de recursos básicos. Se promovió desde el primer día de la década con el mayor énfasis político, la reivindicación de los Derechos Humanos junto con la memoria, verdad y justicia para con los crímenes de lesa humanidad, cometidos por el terrorismo de Estado. Sin embargo, con total incoherencia se impulsó desde el partido gobernante la ley antiterrorista que criminaliza la protesta social y sindical; como también el Proyecto X a cargo de Gendarmería, destinado a espiar militantes gremiales y sociales.
Igualmente, con la misma “coherencia” política y ética, se nombra como Jefe del Ejército a quien está denunciado por participar del terrorismo de Estado y del alzamiento contra la Democracia; pero, con el mérito al parecer redentor de cualquier falta, de haberse comprometido públicamente en su juramento con “el modelo”. Se reestatizó la mayoría accionaria de YPF, esgrimiendo la soberanía hidrocarburífera y serias acusaciones a su controlante la española Repsol; sin embargo, se firma un contrato leonino de concesión con la estadounidense Chevron, que cometió las mismas faltas por las que se expropió a la empresa española (merma en la producción de petróleo y caída estrepitosa en sus reservas) que, encima, fue condenada por grave contaminación en Ecuador. Finalmente, tanto Aerolíneas Argentinas y Austral –reestatizadas en 2008-, como FADEA SA -reestatizada en 2009-, son muestras elocuentes del total fracaso del “modelo”, y de que la década no fue ganada en ninguna de las tres empresas, sino robada en las enormes e irrecuperables posibilidades de progreso perdidas. Subsidios estatales y pérdidas operativas siderales, promesas reiteradas empresariales incumplidas, falta total de inversiones productivas acertadas como concreción de las erradas, y pésima gestión corporativa y técnica. Con el aberrante agravante en FADEA SA, de que “el modelo nacional, popular y progresista”, hostiliza mediante inaudita violencia laboral e institucional, a los trabajadores afiliados a APTA y sus representantes gremiales, para tratar de imponer a su propio sindicato patronal, ciego, sordo y mudo.
No se pueden violentar las palabras con tanta alevosía y esperar impunidad. Las palabras son inescindibles de nuestra humanidad. Cuando las mancillan y matan, nos mancillan y matan a nosotros.
Cada día hay más pruebas irrefutables que la corrupción se expandió con impudicia dentro todo “el modelo”. Sus beneficiarios, esa secta de funcionarios y empresarios amigos del poder, son los auténticos y únicos ganadores de esta nueva década saqueada al pueblo argentino.
A nosotros, como ya dijimos en el editorial del número anterior, los Técnicos Aeronáuticos, Despachantes de Aeronaves y Controladores de Tránsito Aéreo, nadie absolutamente nadie por más poder que tenga, nos robará la esperanza y nuestra voluntad de lucha.
Ni las de nuestro presente ni las de nuestro futuro. Porque lo que la generación adulta de APTA hoy no pueda conquistar, lo harán mañana las jóvenes generaciones de compañeros y colegas, que ya están adquiriendo experiencia de militancia gremial junto a nosotros.
Ellos, tomarán como antorcha nuestras banderas e ideales sindicales, para llevar a la victoria todas las reivindicaciones profesionales y laborales que haya que hacer realidad en el futuro. Junto, con la refundación indispensable de la industria aeronáutica argentina, civil y militar, de fabricación y mantenimiento.
Ricardo CIRIELLI
Secretario General


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