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RIESGOS DE LA TERCERA EDAD

LOS ACCIDENTES Y SU MANERA DE PREVENIRLOS

Se considera que una persona es mayor o pertenece a la tercera edad a partir de los 65 años, reservándose el término de muy mayores a las que superan los 80 años.

Es ésta una etapa que requiere de especiales cuidados y consideraciones, pues las personas enfrentan problemas físicos, psíquicos y sociales que derivan de cambios biológicos propios de la edad, y que condicionan la capacidad para llevar a cabo muchas de las tareas cotidianas.

El adulto mayor con pérdida de equilibrio y caídas.

Las caídas constituyen un fenómeno muy frecuente en las personas de edad avanzada y son una de las principales causas de lesiones, de incapacidad e, incluso de muerte en este grupo de población.

En promedio, un tercio de las personas mayores de 65 años caen una vez al año, y de ellos la mitad vuelven a caer. La incidencia anual asciende de del 25 % de la población entre los 65-70 años al 47 % después de los 75 años, se incrementa después de los 80 y disminuye a partir de los 85 años.

Factores de riesgo.

La importancia de las caídas radica en su potencial morbilidad y en su papel como marcador para detectar enfermedades subyacentes, y no tienen por qué ser algo inevitable para el adulto mayor. Tienen sus propios factores de riesgo los que pueden ser intrínsecos (relacionados con el propio individuo) o extrínsecos (derivados de la actividad o del entorno).

Factores intrínsecos:

En éstos incluimos aquellas alteraciones fisiológicas relacionadas con la edad, las enfermedades y el consumo de fármacos.

El control de la postura se obtiene cuando el individuo es capaz de mantener su centro de gravedad dentro del área soporte, habitualmente los pies. Este control está determinado por la aferencia sensorial (función visual, vestibular y propioceptiva), adecuado procesamiento de la información y eficaz respuesta efectora (músculos, articulaciones y reflejos).

En este grupo debemos señalar:

Visión: los elementos de la visión incluyen agudeza visual, profundidad, contraste y campo de percepción. Las propias consecuencias del envejecimiento, junto con diversas enfermedades comunes en la vejez deterioran la capacidad de adaptación a cambios de contraste y luminosidad, con un incremento del riesgo de caer.

Función vestibular: ejercida por el oido medio, es la encargada de mantener la orientación del individuo con respecto al ambiente que lo rodea, constituyendo la orientación espacial tanto en reposo como en movimiento. Cambios relacionados con el envejecimiento junto a diversas enfermedades del sistema vestibular periférico o central, tienen efectos deletéreos sobre el control postural.

Función propioceptiva: son funciones sensoriales relacionadas con sentir la posición relativa de las partes del cuerpo entre sí y en relación a su base de soporte. Ejercida por la piel, los músculos, los tendones y las articulaciones, contribuye a la estabilidad durante los cambios de posición, y puede alterarse con enfermedades como la diabetes, artritis, espondilosis cervical, etc.

Alteraciones muculoesqueléticas: además de lo descrito en el punto anterior, las patologías radicadas en los pies, rodillas, caderas y/o columna pueden ser motivo de caídas. La debilidad en la dorsiflexión de la rodilla desempeña un papel importante pues éste movimiento es esencial para recuperar cualquier alteración del equilibrio.

Patologías cardíacas: deben descartarse los trastornos del ritmo y aquellas patologías que pueden dar lugar a un gasto cardíaco bajo, que produzca un síncope, como así también la hipotensión ortostática (al incorporarse), etc.

Otras enfermedades: como la diabetes, desnutrición, anemias, hipoxia, deshidratación, neurológicas, etc.

Factores tóxicos: como el alcoholismo, el tabaquismo, el uso de estupefacientes, y otras drogas que modifican la atención y la vigilia.

Factores extrínsecos:

En su valoración hay que tener en cuenta el entorno o ambiente en que se mueve el adulto mayor, así como su actividad. Los factores ambientales potencialmente implicados son diversos, y las actividades más frecuentemente asociadas a las caídas son levantarse de la cama o meterse en ella, sentarse y levantarse de la silla, tropezar con objetos, bajar escaleras, entrar o salir de la bañera, etc.

Entre estos factores hay algunos que son de fácil modificación, como por ejemplo:

El calzado: tratando de utilizar los que tengan la superficie de apoyo con mejor adherencia al piso (suelas de goma) y los tacos más adecuados (amplios y planos, jamás los de tipo “aguja”).

La iluminación: debe siempre ser adecuada a cada circunstancia o habitación, habida cuenta que cualquier inversión que se realice en este sentido será más económica que el tratamiento requerido por una caída. Recordar que la mala visión del adulto mayor predispone a las caídas, y mucho más si no logra ver por dónde debe caminar.

La manera de desplazarse: el adulto mayor deberá entender que no debe correr ni intentar maniobras bruscas o de sobreesfuerzo, pues pueden producirse caídas.

Los lugares donde deba desplazarse: se tratará de incorporar pasamanos y elementos donde asirse en todos los lugares donde los adultos mayores deban movilizarse, incluyendo los que se ubicarán en las bañeras, que también dispondrán de alfombras de goma antideslizantes. También debería colocarse alguno junto al inodoro, para que pueda incorporarse más fácilmente tomándose del mismo.

Las escaleras deberán disponer de todos los elementos mencionados anteriormente (iluminación acorde y pasamanos) y productos antideslizantes en los bordes de los escalones que eviten los resbalones.

No dejar tirados en el piso juguetes, herramientas, etc. en los sitios donde el abuelo deba transitar, para evitar que tropiece con los mismos.

Los útiles, insumos o alimentos que necesite se colocarán de modo que se facilite su alcance, para evitar que deba extremar los esfuerzos físicos o subirse a un banco o escalera para llegar a ellos.

La cama: no muy baja para evitar dificultades al acostarse o incorporarse. Se agregarán tacos debajo de cada pata o se acortarán en el caso de que sea muy alta. Si se trata de una persona muy inquieta aún en las horas en que debe dormir, son útiles las barandas que evitan las caídas de la cama.

Los lentes: se ajustarán a sus necesidades, ya que la mala visión es una de las causas por las que los gerontes se caen.

Ejercicios físicos: se tratará que el adulto mayor realice aquellos que se adaptan a su edad y posibilidades, ya que con los mismos se logra mantener mayor tono y fuerza muscular, mayor flexibilidad en las articulaciones y mejor equilibrio, lo que disminuye la posibilidad de que sufra caídas. Las caminatas son excelentes, como también lo es la bicicleta, pero en este caso es preferible una fija si se observa que el equilibrio y atención del anciano es deficiente.

Mascotas hogareñas: nunca deberán estar delante del adulto mayor cuando éste deambule, para evitar que tropiece con ellas.

La ropa: no será en extremo ajustada para evitar trastornos en la circulación sanguínea (por ejemplo ligas para las medias, calzas o mangas), pero tampoco tan amplias que facilite que se enganche con cualquier objeto que lo pueda hacer caer. El abrigo será acorde al momento, teniendo en cuenta que su exceso podrá deshidratarlo en épocas de elevadas temperaturas.

• Se deben revisar canillas de agua, llaves de gas y artefactos eléctricos que utilice, ya que el olvido en cerrarlos pueden ser motivo de accidentes. Debemos saber que los adultos mayores no siempre recuerdan los actos o hechos más recientes.

Medicamentos: se deberá controlar el consumo de los mismos, ya que el olvido o la reiteración de su ingesta pueden disminuir su atención o producir modificaciones en el estado de conciencia. El alcohol y el tabaco deben disminuirse drásticamente.

Viajes en automóvil: al igual que todos los integrantes de la familia, los abuelos deberán usar correctamente los cinturones de seguridad. • Traslados en colectivo: se solicitará al chofer que se arrime cuanto pueda al cordón de la vereda, tanto al ascender como al descender del mismo, y en el caso en que tenga dificultades para subir debido a la altura del coche, deberá esperar que llegue uno de los denominados “piso bajo”. • Bañeras (o bañaderas): suelen ser un obstáculo importante para el adulto mayor, debido a que para ingresar o salir de la misma tienen que levantar sus miembros inferiores a una altura que suele superar su capacidad física, con el agravante de que las superficies están mojadas. Es conveniente que alguien lo asista para desplazarse en éste ámbito, pero además se deben colocar alfombras antideslizantes e instalar pasamanos dentro y fuera de la ducha. Recordar que las caídas en el baño suelen ser graves, pues es posible que se impacte contra algo duro como lo es el inodoro, el bidet, etc.

Recordar que: No obstante lo expresado, la predisposición a la caída puede resultar de efecto acumulado de múltiples incapacidades y situaciones, por lo que no siempre es posible evitarlas.



Dr. Horacio Juan Minig

Matrícula Profesional Nacional N° 69976

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